En la entrada pasada del blog estuvimos viendo el caso de Paula y Lucía dos hermanas mellizas de 10 años que viven en Madrid, y que debido al confinamiento en el que se encuentran por la COVID-19, están recibiendo en modo virtual las clases que anteriormente hacían todos los días presenciales. Para esta segunda parte de “La primera vez que voy al colegio desde casa” hablaremos con Andrea y Elsa.
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Elsa, 15 años
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Andrea, 18 años
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Elsa vive en Madrid, está en 3º de Educación Secundaria Obligatoria y lleva ya 54 días sin ir al colegio (físicamente). La experiencia de Elsa, hasta el momento, ha pasado por dos fases distintas. Una primera fase, del 11 de marzo (primer día de confinamiento) hasta el lunes 20 de abril, la estructura de clases que mantenía eran las mismas asignaturas que en el horario que hacía de manera presencial, pero solo para la realización de tareas. No había apenas sesiones síncronas, ni tutorías en directo, como ella pensaba que iba a tener. Y una segunda fase desde el día 20 de abril hasta la fecha, donde sí hay clases síncronas y un mayor diseño de las actividades. Este cambio fue promovido por la demanda de los padres y madres de los alumnos/as que veían que sus hijos/as no avanzaban en la materia del curso y consideraban que necesitaban un poco más de seguimiento e intensidad.
Durante los primeros 40 días, Elsa recibía por medio de la plataforma Esemtia (un LMS del grupo Edebe), los apuntes a estudiar y las tareas a realizar de todas las asignaturas que tocaban cada día. Su tutor y profesor de Geografía e Historia era el encargado de centralizar esta comunicación. Esta plataforma de gestión de aprendizaje también se venía utilizando para subir las notas del alumnado desde antes del confinamiento. Una vez que Elsa realiza las tareas, las sube por iTunes U, aplicación instalada en su IPAD (herramienta de trabajo y la de todos sus compañeros y compañeras desde que van a sexto de Educación Primaria). La digitalización de los más jóvenes forma parte orgánica ya de sus vidas y esto facilita muy ampliamente el aprendizaje a distancia. En relación a las tareas que sube a la APP, algunas eran corregidas y otras no, porque los propios alumnos las autocorrigen con las soluciones que han enviado los tutores. Elsa me cuenta que también utiliza el ordenador de mesa que comparte con su familia, para hacer presentaciones dinámicas por la web de Visme para algunas asignaturas como Biología, Matemáticas y Geografía e Historia, “usar visme hace los deberes más divertidos, quizá por la novedad” me comenta. Durante esta primera fase, Elsa destacaba que la única asignatura en la que hacían videoconferencia era en Inglés, con el fin de practicar conversación. Para ello hacían ejercicios en grupo, juegos, o preguntas, y para esto, utilizaban Google meet y Google Hangouts.
Actualmente, Elsa está experimentando la segunda fase del proceso de aprendizaje a distancia establecido por su colegio y nos cuenta que, al menos un tercio de las clases se hacen por videoconferencia por medio de Webex. En estas clases cada profesor comparte su pantalla para mostrar contenido o bien salen ellos dando la clase. Elsa me comenta que este formato le gusta mucho más pero que también es más cansado prestar atención a una pantalla durante la mitad de la jornada y que algunas clases son poco amenas. Para controlar que el alumnado preste atención, algunos docentes piden a los niños y niñas que activen su cámara para controlarles. Mantener la atención y motivación del alumnado en clase presencial ha sido siempre una tarea complicada para el profesorado, esto en el aula virtual también supone un reto. Un tema importante en el uso del entorno virtual es encontrar la medida correcta entre actividades sincrónicas y asincrónicas. Al intentar sustituir los encuentros presenciales por encuentros en línea, la tendencia es hacerlos todos sincrónicos. Eso genera lo que comenta Elsa, la casi imposibilidad de prestar atención a la pantalla durante tantas horas. La recomendación para este tipo de situaciones es que se haga una combinación de actividades, algunas hechas por el alumno individualmente o en grupo de manera asincrónica, dejando un tiempo prudencial entre los encuentros sincrónicos. La cuestión de la motivación del alumnado es también importante considerarla de manera cuidadosa. Te dejamos aquí y aquí un par de recursos ubicados en el Hub de #MovingOnline con recomendaciones sobre sincrónico y asincrónico, y cómo potenciar la motivación del alumnado.
Cuando le pregunto por la evaluación, ella me comenta que han tenido unos seis exámenes desde casa. Me cuenta el ejemplo del de Lengua Española que consistió en un comentario de texto en un folio escrito a mano y después se subía la foto del ejercicio a la APP de iTunes U. El profesor corrigió y dio retroalimentación al examen usando la aplicación Notability que permite poner comentarios en fotos y evaluar actividades. Otros exámenes fueron el de Biología y el de Física y Química, que consistieron en test online con tiempo limitado y el resultado lo subieron a Esemtia.
Cerrando ya la charla con Elsa, me confiesa que no le gusta ir al cole desde casa, le cuesta la autogestión del tiempo, del estudio y de los deberes “me pongo, me entretengo y al final se me hace tarde”. De las 7 horas que hacía al día en el colegio ahora en casa no llegan a las 4 efectivas, pero entre entretenimientos de alrededor y el móvil sobretodo, como afirma Susana, su madre, las jornadas se le alargan a unas 6-7 horas. La gestión del tiempo es una cuestión que tanto en la educación presencial como a distancia desempeña un papel fundamental para el aprendizaje del participante. Pero en la educación en línea, donde hay menos restricciones de tiempo y de espacio, el tema de organización del tiempo es todavía más crítico. Debe ser una cuestión tratada cuando se prepara a los estudiantes, con el fin de que aprendizaje en línea sea exitoso. Existen multitud de manuales, aplicaciones y consejos en la red sobre cómo organizar el tiempo, pero nosotros te recomendamos que visites la guía sobre gestión del tiempo ubicad a en nuestro Hub. En esta guía hemos hecho una recopilación de los consejos más relevantes para la gestión del tiempo a la hora de estudiar online.
Andrea, 18 años, estudia 1º de Derecho y Administración de Empresas en la universidad. A diferencia de los dos casos anteriores el horario de Andrea se cumple casi prácticamente por completo, además de que se va ajustando cada semana en función de las necesidades tanto de docentes como del alumnado. El formato de clase que recibe Andrea, depende de cada asignatura: en Microeconomía y Matemáticas, por ejemplo, las clases son síncronas (el profesor proyecta su imagen mientras da la clase) y además hacen tutorías. Estas clases se graban y se suben a la plataforma por lo que no requiere que todo el grupo de alumnos estén en directo atendiendo la sesión. En Matemáticas las clases están más focalizadas en la necesidad de cada alumno/a. El funcionamiento es sencillo, cada alumno/a envía las dudas por email y la tutora las comenta en la sesión síncrona que hacen por Blackboard. En otras asignaturas simplemente se comparte una presentación de PowerPoint y el profesor va comentándola, las preguntas que surgen se plantean en el chat y se van respondiendo durante la clase. Y en otras asignaturas, suben grabaciones los mismos profesores explicando el temario y luego abren un foro para dudas en un aula en Moodle, plataforma que ya se venía usando desde antes del confinamiento para hacer seguimiento de notas y compartir material de estudio. Este modelo es una versión de lo que es conocido en la literatura de educación en línea como aula invertida (flipped classroom), donde las presentaciones son grabadas, y en clase los alumno/as aprovechan para preguntas y discutir temas (aprendizaje activo). Otra de las utilidades que le daban a su LMS era el de hacer exámenes tipo test presenciales. Aquí observamos como los sistemas de gestión de aprendizaje virtual y presencial no son incompatibles, y se pueden utilizar incluso cuando no hay una necesidad debido al aislamiento.
El sistema evaluativo, en prácticamente todas las asignaturas, se hace por medio de un tipo test en Moodle, salvo para la asignatura de Microeconomía, que el último examen que hicieron fue un tipo test y un caso práctico que debían escribirlo a mano y subirlo con una fotografía a la plataforma (exactamente igual que el caso de Elsa en su examen de Lengua española). En la asignatura de Derecho Romano, también utilizaron un método diferente para hacer el examen final, Respondus, que consiste en un software que se debe instalar en el ordenador con el que el alumno haga el examen y que le permite al tutor tanto grabar como ver la cámara y escuchar el micro de cada uno de los alumnos que están realizando el examen. Durante el examen, si hay algún movimiento sospechoso el programa lanza una luz roja para llamar la atención del docente, para que este observe esa pantalla en concreto y compruebe que todo es correcto.
Cabe destacar el método de comunicación docentes-alumnado ya que se realiza por medio de un sistema bastante organizado: cada clase tiene un par de delegados que coordinan con cada docente, horarios, exámenes, proyectos, entregas y necesidades puntuales y luego estos delegados en un grupo de WhatsApp en el que se encuentran todo el alumnado de ese curso, van informando de las novedades. Como el grupo es grande, son 57 personas por curso, solo pueden escribir los dos delegados en el chat.
Una de las cuestiones de las que Andrea se queja es que si bien los horarios se van ajustando a las necesidades de ella y sus compañeros, tiene muchísimas más horas de trabajo autónomo, haciendo proyectos, estudiando o pasando apuntes (aunque en este punto me comenta que hay tráfico de apuntes de años anteriores). Lo cual provoca que no tenga tiempo para dedicar a sus hobbies dentro de casa. Por eso, a la pregunta de qué es lo mejor de ir a la universidad desde casa ella responde que “nada, no me gusta nada. Te da libertad para administrar tu tiempo pero te conviertes en una adicta de los trabajos”. Interesante observar cómo ésta es también una queja que hoy en día expresan las personas que se han visto forzadas a teletrabajar por la situación de emergencia sanitaria debido a la pandemia. Hay mucha literatura que ya existía sobre el teletrabajo, además de toda la que ha ido surgiendo durante estas semanas para ayudar y orientar a los nuevos teletrabajadores/as, pero lo que se observa como una constante muy clara y que lo cual supone un gran desafío, es hacer una separación clara entre la jornada laboral y el trabajo doméstico.
En el ejemplo de Andrea vemos que efectivamente el sistema de enseñanza está mucho más organizado desde el principio, aunque también se ha ido reajustando cada vez que se ha visto necesario. También observamos que de los tres casos el de Andrea es el que parece que funciona con mayor fluidez y esto es debido a que la universidad ya contaba con un sistema de gestión del aprendizaje virtualizado que combinaba con las clases presenciales y esto, obviamente, supone una ventaja superior con respecto a los otros dos casos.
Durante esta semana en España ya se han comunicado las medidas de “desescalada” para la vuelta a la nueva normalidad, y el gobierno ya ha informado de que los centros educativos no abrirán hasta septiembre. Por lo que la situación de formación a distancia se mantendrá hasta final de curso (en España es hasta finales del mes de junio). De manera que lo que comenzó a mediados de marzo como un parche temporal se ha convertido para casi 10 millones de jóvenes en España, en el sistema de formación de un tercio del curso académico.
Y es entonces, mirando hacia la vuelta al cole de septiembre, cuando no debemos quedarnos solo en la anécdota de lo ocurrido, sino que tenemos que saber aprovechar e implementar el conocimiento adquirido sobre e-learning tanto por parte del alumnado, como por parte de los docentes. Diseñar nuevos cursos teniendo en cuenta esta experiencia e implicando indiscutiblemente una mayor inversión en tecnologías de la información, proporcionará a nuestro sistema educativo un valor agregado muy importante que nos dará versatilidad en posibles futuros confinamientos globales. También será útil para circunstancias más cotidianas, como para los casos en los que los alumnos que no puedan asistir a clase por enfermedad, o aquellos que tengan por tiempo limitado problemas de movilidad o no se pueda asistir a clase por inclemencias climáticas o incluso desastres naturales. Y es que las herramientas que proporcionan la formación virtual complementan perfectamente la formación presencial y consiguen que circunstancias como las que acabamos de exponer no supongan un freno para que los más jóvenes puedan seguir formándose.