Tras las reflexiones de la Prof. Dr. Karem Sánchez de Roldán (doctora en Estudios del Desarrollo. Socióloga. Profesora Titular de la Facultad de Ciencias de la Administración de la Universidad del Valle. Cali, Colombia) de hace un par de semanas sobre lo urgente y lo importante de la enseñanza remota en tiempos de pandemia que pueden leer aquí, hoy les traemos otra interesante entrada sobre la ventana de oportunidad en el paso de la formación presencial a virtual que vivimos.
Desde el equipo del Hub #Movingonline esperamos que disfruten de su lectura.
"Soy profesora en una universidad pública colombiana. Mis colegas, docentes universitarios y también los que se desempeñan en instituciones de educación básica y secundaria, nos aproximamos al cierre de los periodos académicos de este primer semestre del 2020, el año del COVID-19. Es hora de que empecemos a establecer el balance de estos meses e intentar proyectarnos al futuro en el corto, mediano y largo plazo. Entre las múltiples preguntas que nos asaltan se destacan las siguientes: ¿Cómo se realizarán los procesos de enseñanza-aprendizaje en el próximo termino académico, semestre, año? ¿Cuáles han sido los principales desafíos que como docentes hemos enfrentado? ¿Cómo y hasta qué punto los hemos podido resolver? ¿Cuáles han sido las respuestas provisionales que hemos ofrecido a nuestros estudiantes de cara a las nuevas circunstancias? ¿Qué resultados hemos obtenido y qué balances podemos hacer?
En últimas, luego de esta experiencia ¿qué podemos esperar y planear para el futuro en el ámbito docente? Cualesquiera que sean las respuestas, ellas involucran, en mayor o menor medida, la consideración del papel que la educación remota está llamada a desempeñar.
En virtud de cuarentenas y confinamientos obligatorios impuestos como medidas preventivas desde que se avizorara el inicio de la pandemia en nuestros países, quienes nos desempeñamos como docentes tuvimos que dar un paso forzoso: transitar de la acostumbrada docencia presencial a formas no presenciales mediadas por tecnología de la información y la comunicación. (TICs). En el proceso, términos como docencia presencial asistida por TICs, clases on-line, educación a distancia, educación virtual, o de manera más general, enseñanza remota se revelan imperativos y son ya muy familiares en nuestro --hasta no hace mucho, tranquilo quehacer. Y ello ha sucedido no sin consecuencias. Para muchos de mis colegas docentes, para nuestros estudiantes e inclusive para las mismas instituciones educativas, este cambio abrupto y no planificado ha significado una especie de salto al abismo.
Si bien las universidades y los colegios en años recientes han promovido el uso de TICs en sus aulas de clase y algunas incluso tienen áreas especializadas para el apoyo a la docencia mediadas por la tecnología, los esfuerzos en esta dirección se han encontrado con respuestas dispares por parte de los cuerpos docentes. De un lado, los entusiastas por la integración de todos estos recursos tecnológicos (cuando se tiene acceso a ellos) al proceso de enseñanza aprendizaje, son los que atienden juiciosamente llamados e invitaciones a participar en cursos y talleres de capacitación. Hasta ahora, tal vez los menos. De otro lado, quienes miran estas nuevas posibilidades para sus quehaceres docentes con cierta indiferencia cuando no desdén o rechazo. Al parecer, los más. Y ente los dos extremos una gran variedad de acciones y reacciones.
En el despliegue de esta amplia gama de respuestas creo que han incidido varios factores. Quiero destacar los siguientes, algunos objetivos, otros de orden subjetivo. Entre los primeros se encuentra la disponibilidad real de equipos de computación y programas (hardware y software) tanto para docentes como estudiantes; el acceso a un servicio de internet de buena calidad y confiable; los recursos financieros de las instituciones educativas para poner a disposición de educadores y educandos la infraestructura necesaria, entre muchos otros. En cierta manera estos son factores que admiten intervenciones claras y precisas y dependen en buena parte de recursos financieros. De más complejo tratamiento me parecen otros factores de orden subjetivo y cultural: la disposición al cambio, la capacidad de adaptación y la actitud positiva y propositiva --o no—para acercarse a estos nuevos (aunque no tanto) recursos e integrarlos en los procesos educativos. Por supuesto, no faltará quien diga que apropiarse de las TICs y sus medios y formas es un tema generacional, sin embargo, la evidencia que debilita este argumento crece día a día.
El debate sobre el uso de los medios virtuales en la educación hasta antes del COVID-19 podía darse el lujo de ir a su propio ritmo o al de los actores involucrados --profesores estudiantes e instituciones educativas, sin mayores afanes e incidencias excepto la de una percepción de subutilización de los equipos y recursos existentes, o la de su carencia. Sin embargo, las condiciones de bioseguridad impuestas por la pandemia, entre ellas el distanciamiento social han hecho que las prácticas docentes no presenciales asuman un valor y una centralidad estratégica al proceso de enseñanza-aprendizaje para la que no todos los actores del sistema educativo están preparados. La introducción de prácticas docentes basadas en TICs y en entornos virtuales de aprendizaje son ahora un imperativo pues constituyen la única salida para continuar los procesos de formación en los distintos niveles de educación.
A medida que el tiempo sigue su curso, escucho las voces de entusiastas y detractores de la educación on-line con mayor fuerza. El interrogante ¿on-line o no online? será tema de candentes debates. Ya lo percibo en mi entorno. No obstante, mientras el rumbo del quehacer social e individual en el ámbito educativo esté determinado por la evolución del COVID-19 veo en la educación en línea una ventana de oportunidad y como todas las oportunidades me propongo asumirla, trabajarla y evaluarla. Empezaré por entender mejor los desafíos que mis estudiantes y yo hemos enfrentado de manera apresurada en esta transición forzosa y no deseada. Por ejemplo, encontrar la mejor combinación entre lo síncrono y lo asíncrono, uno de los aspectos en donde su ubican las quejas y lamentos de estudiantes y profesores.
Creo que una mayor comprensión de los aciertos y desaciertos de los meses pasados es un camino razonable para encontrar respuestas y alternativas –la que denomino como la ventana de oportunidad-- ante las múltiples preguntas que como docentes hoy nos planteamos. Es también una forma de romper el esquema del traslado automático de lo presencial a lo virtual, para lograr reconocer y llevar a la práctica las lógicas de uso, estrategias y metodologías pedagógicas propias de los entornos virtuales de aprendizaje, campo en el que tendremos que adentrarnos. Sea entonces ésta una invitación a incursionar, explorar y profundizar juntos las múltiples aristas de forma y contenido de la educación en entornos virtuales de aprendizaje. Como decía el sabio, el camino se inicia con el primer paso, #movingonline del BID nos ofrece mapa y la brújula."